Confieso que a mí me gustan mucho los libros de ficción. Soy un lector muy asiduo de los cuentos y las novelas, aunque también me gustan algunos ensayos, en dependencia del tema. Con las biografías tengo sentimientos encontrados. Y es que me pasa más o menos lo mismo que con los documentales, me parece que me están manipulando, que solo me están contando la parte de la historia que al realizador o al biógrafo le interesa contar. Sé que la objetividad no existe, por eso me gusta más la ficción.
Tal vez soy un poco más condescendiente con las biografías que se venden como ficcionadas, donde el autor reconoce que ha hecho una recreación libre de la realidad. Tal es el caso de novelas como Tiníssima, de Elena Poniatowska, que narra la vida de la conocida fotógrafa Tina Modotti y su relación con intelectuales de la época como la pintora mexicana Frida Khalo y el revolucionario cubano Julio Antonio Mella.
Y hablando de Frida Khalo, las películas que se han hecho sobre esta mujer también me gustan mucho. Nada, que prefiero las historias semiinventadas que esas que se dan como completamente reales y no lo son. Reconozco que tengo un problema serio con el concepto de verdad.